El maestro que resucitó el idioma hebreoSe cumplen 155 años del nacimiento de Eliézer Ben Yehuda, el maestro que resucitó el hebreo como idioma moderno, lo convirtió en lengua cotidiana, lo que facilitó al sionismo emergente una herramienta política y cultural de unificación del pueblo judío, que en las décadas subsiguientes significó el ingreso del milenario y bíblico lenguaje en el idioma oficial del naciente Estado de Israel. A continuación ofrecemos una síntesis biográfica de su interesante vida.
Eliézer Ben Yehuda, originalmente llamado Eliézer Itzjak Perelman, nació en la aldea lituana de Luzhky el 7 de enero de 1858. Al igual que todos los niños judíos de ese tiempo y lugar, comenzó a estudiar hebreo a muy temprana edad como parte de una educación religiosa. Sobresalió en sus estudios y por último fue enviado a una yeshivá (academia rabínica) con la esperanza de que se convertiría en rabino. Sin embargo, al igual que muchos jóvenes judíos promisorios de esa época en Europa Oriental, se interesó por el mundo secular, acabó por abandonar la yeshivá e ingresó en un gimnasio ruso, completando sus estudios como alumno externo en 1877.
Ese año Rusia proclamó la guerra al Imperio Otomano para ayudar a los búlgaros a recuperar su independencia de los turcos. Ben Yehuda se vio cautivado por la idea de restauración de los derechos a los búlgaros en su suelo nacional. En el siglo XIX varias naciones europeas habían revivido de esa manera, notoriamente los griegos, descendientes de la clásica Atenas, en 1829, y los italianos, herederos de la clásica Roma, en 1849.
Ben Yehuda se vio profundamente influido por dichos renacimientos y extrajo la conclusión de que el concepto europeo de integridad nacional debiera aplicarse también a su pueblo. Tuvo la certeza de que si los búlgaros, que no eran un pueblo clásico antiguo, podían exigir y obtener un Estado propio, también los judíos -Pueblo del Libro y herederos de la histórica Jerusalén-, merecían lo mismo. Es verdad que Eretz Israel, la tierra de los judíos, contaba con pocos de éstos en el siglo XIX, y que el lenguaje de los judíos, el hebreo, era de hecho sólo una lengua escrita, no hablada, pero estaba convencido de que tales obstáculos no eran insuperables. Los judíos debían retornar a su tierra histórica y comenzar a hablar de nuevo su lengua.
Animado por esas ideas, Ben Yehudá determinó que él mismo se trasladaría a Palestina. Partió de Rusia en 1878, dirigiéndose primero a París a estudiar medicina, con el propósito de ayudar en el futuro a la comunidad judía de Eretz Israel.
Ben Yehuda se asentó en Jerusalén, donde la mayoría de los judíos del país vivían en el seno de diversas comunidades, planificando la utilización de la ciudad como base para la difusión de sus ideas en la tierra de Israel y en la diáspora. Adoptó varios planes de acción. Los principales eran de triple alcance y se los puede resumir como: “Hebreo en el hogar”, “Hebreo en la escuela” y “Palabras, palabras, palabras”. En lo que concierne al “Hebreo en el hogar”, ya antes de llegar a la entonces Palestina y como resultado de su exitosa primera conversación prolongada en hebreo, Ben Yehuda había decidido hablar sólo en hebreo con todo judío a quien encontrara. Cabe señalar que no le resultó demasiado difícil, excepto quizá la falta de vocablos para ciertos temas. En realidad, describió con gran entusiasmo sus primeras conversaciones en hebreo cuando, junto con su esposa, desembarcó en Iafo y habló con un cambista de dinero judío, con un posadero judío y con un conductor de carros. Porque aquí había encontrado gente simple que hablaba hebreo, quizá con errores aunque siempre más o menos con naturalidad y fluidez. Pero Ben Yehuda quería que los judíos en Eretz Israel hablaran exclusivamente en hebreo. Por lo tanto, en 1882, cuando nació su primer hijo Ben Sión Ben Yehudá (o Itamar Ben Avi, como se lo conocía generalmente), su esposa Débora tuvo que prometerle que el recién nacido sería el primer niño de habla exclusivamente hebrea en la historia moderna.
Y eso fue lo que ocurrió. Itamar Ben Avi describe en su autobiografía, aunque lo hace de un modo más bien romántico, algunas de las drásticas precauciones adoptadas por su padre para asegurar que su hijo escuchara y luego hablara sólo hebreo. Cuando a la casa, por ejemplo, llegaban visitantes que no sabían hebreo, Ben Yehuda lo enviaba a la cama para que no oyera las lenguas extranjeras. No permitía que el hijo escuchara “los píos de pájaros, ni los relinchos de caballos, ni los rebuznos de asnos, ni el revoloteo de mariposas, porque hasta todas esas voces eran foráneas, de ninguna manera hebreas”. El niño comenzó a hablar a la edad tardía de cuatro años. Su madre no podía ajustarse a la exigencia de hablarle sólo en hebreo. Cierto día, cuando el esposo se hallaba fuera de la casa, la madre comenzó a entonar inadvertidamente canciones de cuna en ruso. Ben Yehuda había regresado temprano y cuando oyó que se cantaba ruso en su casa, se enfureció y empezó a gritar. Itamar escribió sobre la amarga escena que siguió: “Me sacudió sobremanera ver a mi padre iracundo y a mi madre apenada y en lágrimas; la mudez se apartó de mi labios y el habla llegó a mi boca.”
El hecho de que hubiera un niño en la casa acentuaba la necesidad de buscar palabras hebreas apropiadas para denominar las cosas mundanas de la vida diaria. Por ello, Ben Yehudá acuñó nuevos vocablos hebreos para objetos como muñeco, helado, jalea, tortilla, pañuelo, toalla, bicicleta y cientos más. A medida que el niño crecía, crecía el hebreo, tanto en léxico como en naturalidad. Ben Yehudá y su familia de habla hebrea se transformaron en una leyenda viva, en una encarnación del renacimiento que todos debían emular.
De todos los pasos dados por Ben Yehudá para revivir el hebreo, la utilización del “Hebreo en las escuelas” fue a todas luces el más importante y así por cierto lo comprendió. El ejemplo personal de Ben Yehudá y su éxito en la docencia impresionaron sobremanera a otros maestros. A decir verdad, la enseñanza en hebreo involucró muchos problemas, por ejemplo la falta de maestros, de textos, de materiales como juegos o cantos, la falta de terminologías, etc.
No sin dificultades, la empresa avanzó exitosamente. Ben Yehuda fundó en 1884 su propio periódico “Hatzvi”, como instrumento para la enseñanza de adultos.
>Recurría también a su diario para introducir nuevas palabras que de otra manera se perderían, tales como itón (periódico), orej (redactor), mivrak (telegrama), jaial (soldado), manúi (suscriptor), ofná (moda), etc. Los judíos eran ávidos lectores y el diario de Ben Yehudá hizo mucho por expandir sus ideas y neologismos tanto en la tierra de Israel como en la diáspora. El primer diccionario de hebreo que compiló era de hebreo-francés, y publicaba nuevas listas con palabras nuevas para suplir la falta de vocablos para los hebreo-parlantes.
Ben Yehudá, fue el profeta y propagandista, el teórico y táctico, el signo y símbolo del renacimiento. El mismo escribió en 1908, en su periódico Hatzví: “Para todo es necesario sólo un hombre juicioso, diestro y activo, con iniciativa para dedicar todas sus energías a su causa, y ésta progresará sin duda a pesar de los obstáculos que traben su camino… En todo nuevo acto, en cualquier paso aunque sea el más pequeño en la senda del progreso, es indispensable un pionero que emprenda el camino y deje de lado toda posibilidad de volverse atrás”. Para la restauración de la lengua hebrea, ese pionero fue Eliézer Ben Yehuda.
7 de enero: 155 años del nacimiento de Eliezer Ben Yehuda
11/Ene/2013
Aurora